Insight

Wirikuta

Hundido ya en la substancia Pegaso ajustó los espejos reversibles de su atrapa lunas. El astro inmenso se deformaba hechizante en la trampa de metal. Un magma gris escurría entre los mecanismos del aparato. Pegaso lo sorbía con lo que le quedaba de lengua. El motor de una avioneta rumiaba terso en la distancia. El desierto del Wirikuta se extendía imperioso.  El mago abrió un cartapacio sobre las piernas. A un lado suyo sobre un pedazo de caparazón brillaba un diamante azul relámpago. Pegaso se puso la piedra entre los labios y sintió como la mandíbula se le separaba. La sustancia acrecentaba su influencia, el latido fulgurante del corazón del muchacho hacía temblar los mantos de arena. Las púas de los cactus brillaban metálicas. Los coyotes aullaban furiosos. La vegetación trepidaba viviente a su lado. Su voluntad adquiría potestad en el desierto. Llevaba cuarenta días internado en el paisaje. Comiendo hierbas, bebiendo hikuri y sobreviviendo a alucinaciones. La luna alcanzaba su cenit. Todo se sucedía inmediato en la mente del mago. La historia, los sacrificios, los corceles, las locomotoras. A su lado estaban los huesos de una norteamericana que Pegaso había encontrado profanando su santuario. Le había sorbido el tálamo y con su columna se había hecho un arco. Con la sangre había llenado una cantimplora que bebía a ratos. Había derretido sus gafas de sol y con el residuo metálico se había fortalecido la punta de los colmillos. Pegaso separando los pergaminos del cartapacio fue recorriendo partituras, hechizos y operaciones matemáticas. Se detuvo en un pergamino en blanco. Pegaso sintió un vacío terrible en el centro de su pecho. Estremecido por un ahogamiento súbito presintió un cuerpo desplazarse entre sus órganos, subir violento a su esófago hasta salir por su boca. Un huevo bañado en bilis brillante se estrelló entre sus dientes. Una yema de mercurio negro se derramó viscosa en el pergamino, la emulsión detergida fue devorando los tejidos alzando un grabado repentinamente animado. Un águila blindada por hojas de metal azul clavaba sus colmillos en una serpiente. La simple visión del águila envenenada lo envolvió en una marea verde. Le dio un trago a su cantimplora y delirante entonó una maldición náhuatl. Él era el elegido, el cristo quetzal vivo. Las cuencas le escurrieron de sangre. El suelo del desierto comenzó a temblar y de las piedras destrozadas surgieron hiedras de púas. Los tentáculos le atravesaron los pies y se sumergieron en el interior del mago. Su dorsal fue desarrollando púas y minerales. Los pulmones se le ensancharon hasta que sus costillas estallaron, sus órganos se mezclaron en una substancia azul que se adentró en las capas de tierra desértica. Los huesos del muchacho  Pegaso recorría la tierra mercúrico. Tenochtitlan resurgía en el suelo del desierto. El mago se transportaba entre materia difusa, acuático y voraz, su espíritu fluido, transparente y continuo empapaba de su veneno todo lo que atravesaba. Salió de la tierra y concentró todo su impulso concentrándose en las coronas de un pequeño hikuri que crecía en el desierto. El hikuri con el que los huicholes le prepararía un té al presidente de la república.  

Obra de Dios

¿Qué es lo os hacen, muchachos

en esos colegios tan elegantes?

¿Amarraros y bombear la naturaleza

fuera de vosotros?

 

Tom Robbins

 

Ayer soñé que me perseguía un hombre guapísimo.  Los zapatos deslumbrantes,  traje a la medida y pluma fuente en el bolsillo. Un tipo alto y hermoso. Un verdadero europeo. El caballero trotaba entusiasta tras de mí. La persecución terminaba en un oratorio de lava gris. Yo era la presa, la mirada del hombre me lo indicaba a así. Una carnada suculenta, según percibí en su desesperación. El caballero demostrando modales perfectos me invitaba a pasar a un confesionario. Cerraba la puerta y me arrancaba el cinturón de un solo movimiento. Me encerraba en un confesionario, me bajaba los pantalones y presionando mi abdomen me practicaba una felación hermosa y dedicada. En el sueño me era imposible negarme, el caballero sorbían mis miembros con fuerza insistente. En el sueño tengo doce años y todo se trama perverso. Apenas distinguí mi edad, imaginé donde me encontraba. El caballero me volteó a ver con los dientes llenos de sangre. De inmediato supe de quién se trataba: era mi profesor de religión del Colegio Cedros. Un hermoso numerario de labios sangrientos.

 —A que no te acordabas de mí Juanpis. Me preguntó con tersidad hispana.

Me desperté perturbado. Claro que me acordaba de ese hijo de puta. Se llamaba José María Saldaña Ballesteros y por su culpa me habían expulsado del Cedros, el diferenciado para varones en el que cursé la primaria. El Cedros es la fortaleza oscura del Opus Dei México, la estrella de la muerte del Imperio Balaguer. Ahí adiestran los católicos poderosos a sus crías; a fuerza tensión sexual los numerarios forjan sus espíritus hasta dar en el yunque con la forma exacta que le agrada a cristo. El diferenciado para varones en el que Franco habría aceptado mandar de intercambio a sus nietos. El escenario de mis pesadillas de niño.

Pensar en el Cedros es pensar en un bosque siniestro. En un bosque donde los vampiros son los que llevan los crucifijos. 

Yo nunca perdoné a mi padre por haberme obligado a vivir ese infierno, pero mi padre, como todos los padres de familia de ese colegio, era un hombre importante y a decir verdad mi formación le importaba un carajo. La cuestión es que desperté lleno de odio, encendí la Mac y a fuerza de mi narración es que me mantengo despierto. Hace tiempo que huí de México y de todo aquello. Ahora vivo con mi chico en un hermoso departamento frente al parque del Retiro. 

Madrid insomne: México y mi infancia despiertan. Escribo y borro palabras en el procesador de texto. Abrí las ventanas del apartamento y escuché la pelea de unos filipinos, me preparé un café y me dispuse a escribir. Cada que algún suceso perturba mis nervios escribo un relato. Así han surgido mis mejores cuentos. Jamás he publicado, la verdad me vale madres. Escribir es divertido y ya. Hacía tiempo no me sentaba decido a hacer añicos a alguien. En fin: ya despierto, que mejor que rememorar con odio a José María Saldaña Ballesteros. Es increíble como aún recuerdo su nombre completo, ya deben tener más de doce años que no sé absolutamente nada de él. 

José María Saldaña Ballesteros, el Chema Ballestas, representaba a la perfección a la generación que formó el Opus Dei en los noventas: un muchacho fresa, guapo, elegante, divertido, con acento español, amante de las actividades al aire libre, crucecita de plata en el pecho y misal bajo el brazo.

El Ballestas lucía como debía lucir en la actualidad un santo. Un tipo ordenado y pulcro, próximo a la “verdad” y fortalecido por la abstemia. 

Él Ballestas fue el primero que me dijo Juanpis.

Me lo dijo para marcar territorio una de sus primeras clases. Para dejarme en claro como profesor que con él no me iba a pasar de listo. Apenas pronunció el diminutivo supe que se había metió con la perra incorrecta. Como una verdadera perra varón de doce años.

Ante el sobrenombre murmuré: me hago pis en tu jeta pendejo.

Saldaña se separó de su laptop y me pidió que me pusiera de pie.

Se llevó las manos detrás de la espalda y me pidió que le repitiera lo que acababa de decir.

— Me hago pis en tu jeta pendejo. Le repetí decidido. 

El salón se mantuvo silencioso. Me pidió que me saliera. Le pedí que me sacara. Me tomó del brazo y me llevó con el director.

En el camino le dije: 

— Mira pendejete, mi papá es el secretario de finanzas, eres al cuarto cabrón al que me chingo este semestre, bájale de huevos o mis guarros te van a meter la putiza de tu vida.

El profesor se detuvo helado, me soltó del brazo y regresó al salón. 

El profesor no me volvió a dirigir la palabra y un odio crepitante creció en mí. Un odio por su clase, por su encanto, por su simple forma de ser. Bromista y sensible, devoto, jugador de fútbol. Un hombre que imponía con suficiencia su aspecto y forma de ser. Un hombre legitimado por la obra de dios: un cristo empresario.  

Al día siguiente llamaron al secretario de mi padre. El secretario del secretario me mandó llamar a su oficina.

— Juan Pablo, si vuelves a faltarle al respeto a algún profesor van a expulsarte y tu papá se va a encabronar. Me dijo el secretario con severidad.

—Me vale un huevo. Le respondí entusiasta y le hice bizcos.

El secretario me miró ofendido y me pidió que me retirara. 

Al día siguiente enfrenté al profesor en el recreo. Le pedí una disculpa y le prometí mejorar mi comportamiento. Él me miró con alegría, me estrechó la mano amistosamente y me sonrío encantador. Pobre pendejo.

En sus clases, mientras él nos hablaba de virtudes y sacramentos yo le dibujaba pitos enormes a los personajes de los libros de texto de mis compañeros. Imprimía fotos pornográficas y en los recreos las escondía entre las mochilas.  Era muy divertido ver a Saldaña Ballesteros destruir con repugnancia fotos de penes y chicas teniendo sexo con caballos. 

Hubo varias inspecciones, nadie descubrió al culpable. 

El curso fue transcurriendo hasta que llegó el esperado retiro espiritual en la hacienda de Montefalco.

Tenía tres días para hacer pedazos a Saldaña Ballesteros. En el camión me hice de su agua victoria y la llené de purgante. Verlo saciar su sed me llenó de vitalidad. Pasó todo el camino en el baño del camión.

Poco a poco se fueron transcurriendo las actividades, todos la pasaban en grande, Básquet Ball y Waterpolo. Por la noche todos estaban agotados. Yo pasé el día en la camioneta de mis guardaespaldas escuchando a los tigres del norte. 

Lo vi una vez más durante la fogata. Ballesteros comía hotdogs y permitía que los alumnos mayores contaran chistes pelados. Entonces supe que lo odiaba, aquella noche vi en él al monstruo en el que mi padre esperaba que yo me transformara.  A medianoche salí de mi habitación y me dirigí a la cabaña de los instructores, la puerta estaba entreabierta, Saldaña Ballesteros dormía con la boca abierta, me saqué el pito y me oriné sobre sus labios.

 — Me hago pis en tu jeta pendejo. Le repetí decidido. 

¿En que diablos estaba pensado cuando redacte ese proyecto para el APOYARTE?


I.           Introducción.

 

 

1.    Antecedentes.

Ante la actual discusión de géneros - La posición del discurso narrativo y su distinción de la voz informativa, los requisitos de la poética, la seriedad en el texto científico, la máxima y celosa documentación en el oficio historiográfico, los límites del espacio ficcional en cuanto real; lo fabuloso, lo fantástico… -  el personaje principal de Textos Primarios (su autor mismo) decide por necesidad, entre otros asuntos llevar a sus últimas consecuencias la complicada discusión.

Planeo y sostengo entonces: Textos primarios, a veces como epopeya, otras tantas como novela gráfica, con la apariencia del documento de divulgación científica, como atlas ilustrado, siendo esta conjunción a su vez una novela de inmensa voracidad,  resultando en su lectura, un valeroso compendio de poesía coral, un formulario de creación artística, una magna producción dramática, un ensayo literario de rarísima perfección, un estudio del comportamiento humano en la reunión de un grupo selecto de fábulas pastoriles; representando tal disparatada sucesión de géneros, la figura del novelista en su edad temprana; el artista teniendo una fiera disputa con su obra. 

2.    Justificación.

Propongo Textos primarios como un texto multiforme (documento, ensayo, poemario, novela, corpus telemático), pretendiendo con tales ambiciones recrear el oficio escritural; un artista busca desesperado solucionar su novela o lo que sea que este escriba, experimentando la formación de una voz poética a través de las distintas tonalidades formales del discurso.

El escritor, en medio de tales propósitos se vuelve partícipe de una furiosa persecución a través de los distintas variedades del discurso; a su paso, el joven artista realiza diversos atentados en contra de la figuración – y es en su insomne disputa con su propia creación – cuando logra reducir el lenguaje a un estado de materia, logra con entusiasmo y gracia alada vencer los géneros, volviendo al lector incapaz de separar los elementos, de poder distinguir entre el blanco y el negro, entre un cuento de proporciones épicas y un hallazgo científico en los filones de hielo de la célebre Siberia; hablando a su vez de temas de actualidad (urbanismo latinoamericano, homosexualidad, el amor falto de tranquilidad, la búsqueda de Dios, medios tecnológicos, los alcances de la informática, el tremendismo de la televisión, los atractivos de la globalización, los problemas borderline, cuestiones de género, la situación del individuo, etc.) y otras temáticas de interés artístico (la tentación del efectismo,  la situación actual de la alta literatura frente a la explosión informática, la búsqueda de un estilo, los beneficios y maleficios de la crítica literaria, el enfrentamiento lingüístico, la mediación de los sentidos en la literatura, el egotismo, la telemática, etc.) Pretendiendo así un texto de múltiples lecturas, un texto que adecue a cualquier público los problemas a los que se enfrenta el escritor temprano.

 

II.       Objetivo General del Proyecto.

 

1.    Creación.

Es importante decir que el artista (personaje principal de Textos Primarios), escribe una obra que ya fue publicada. Bajo estas condiciones, enfrenta su texto a los diferentes problemas que trae consigo el oficio literario: la oposición de la crítica, la importancia del lector, la gente ofendida por su pensamiento; la literatura como solución dialéctica, como problema político y también y porqué no, como divertimento sapiensal.

Tal vez se piense en contradicciones dentro del manejo de tal número de géneros, pero me atrevo a decir que incluso cada contradicción estará cuidadosamente planeada. Un cuento será el fundamento de un ensayo, un ensayo tendrá su solución en un poema. Cada género sustentará a su sucesor justificando a su vez la voz que le precede.

Planeo este documento como un sumario de la labor artística, la búsqueda de una voz purísima y única a través de un espacio ficcional cuyo sustento último se encuentre entre los inciertos principios de la apariencia; un manual de instrucción literaria dirigido desde la literatura, un sumario acerca de la alta composición, exponiendo con inteligente humorística: el análisis y el reclamo propios del joven creador. Con Textos Primarios pretendo una obra que se mira así misma cuando es escrita y cuando ya lo fue; reconstruyendo en tal ideario un espectáculo óptico, lírico y racional donde se contenga la figura del artista interdisciplinario.

1.    Utilidad.

Al destruir la forma, es imposible

contener el fondo. 

Generar textos multiformes, crear textos fuera de una nominación convencional. El artista moderno, cuestión que tengo presente como estudiante de Lenguas Modernas en la UAQ,  debe de adecuar sus textos a la expansión informática, abusar de todos los métodos y fórmulas para poder expresar sus ideas. Hacer de la literatura un acto interdisciplinario de conciencia social, un acto donde se reúnan las voces de cada una de las distintas ciencias dedicadas a la composición humana.  

A partir de una entretenida anécdota, algunos versos de gracia alada, la exposición de distintos e incómodos episodios acerca de nuestra realidad, el gusto por la prosa poética y la réplica adolescente; poner al alcance del público una especie de manual literario hecho por la literatura misma.

Ej. Explicar cómo se hace un cuento, escribiendo uno.

Exponer a los lectores (particularmente a los jóvenes), las diferentes dificultades del oficio escritural, particularmente las ocurridas en el periodo de formación literaria mediante las confesiones reales de un escritor. Establecer de un modo explícito la importancia de la literatura en el desarrollo y evolución de las sociedades modernas como un aparato crítico de alta suficiencia, dando cuenta de la vida de un texto antes de su publicación. Literatura por literatura.

 

III.   Objetivos Particulares del Proyecto.

 

1.    Descripción del proyecto.

a)   Desarrollo de contenidos y temáticas.

Para un buen entendimiento de los propósitos del proyecto, me parece importante hacer notorio, el hecho de que las proposiciones se trabajaran siguiendo los principios de la apariencia.

Ej.Un ensayo que aparenta ser cuento, siendo todo esto un Reality Show que resulta ser una novela.

Incluyo mi proyecto en la especialidad de “novela” debido que al completar la lectura del texto, resulta un texto con las características de tal categoría.

Siendo la línea de sucesos en la siguiente Sinopsis.[1]

Textos primarios, como ya se ha dicho trabaja por principios de suposición, siendo un documento que logra su fin último al completar su lectura.

En un principio el lector se enfrenta a una supuesta reunión de los textos del autor queretano Gerardo Arana Villarreal. El volumen (de ahí la importancia de publicación impresa) reúne dos libros inéditos. Gluglú Ararat y Guión para radio o comedía alpina en tres actos. El primero de ellos fábula ilustrada, que recuerda por sus formas al discurso pastoril, pretendiendo el romance y las sagas de aventura caballeresca; da cuenta de la historia de Gluglú, una jovencísima damisela guiada, mediante lo falso por el cruel Manicomaqueo a Difolaria, terrible urbe donde se producen sarcófagos en forma de violonchelo. La niña escapa por el océano de leche que rodea la isla mediante la alta navegación de un violonchelo. Manicomaqueo sale en su furiosa persecución, ambos se dan encuentro y deciden matarse con palabras. Un poema para niños (rima, copla y cancionero) en contra del manifiesto científico del tiranuelo Manicomaqueo (ensayo, complicada terminología, macabro discurso). Gluglú lo vence y comienzan a salir flores de los oídos del príncipe malo. La historia aparentemente termina. En ese momento termina la historia. La historia está ilustrada (de 8 a 10 ilustraciones, hechas con crayones y acuarela).

Aparece un segundo libro: Guión para radio o comedia alpina en tres actos. El libro esta escrito por el falsísimo escritor polaco, Von Kritische Behler. La traducción es realizada por el escritor Gerardo Arana Villarreal.  El texto se abre con un documento en el que el autor polaco, expresa su fascinación por la traducción del autor mexicano; diciendo entre otras cosas que la traducción supera por mucho al original, le concede los derechos de su obra. Y es así como comienza la comedia alpina. El filosofo y pensador del abismo Soren Kierkegard se dedica a estrellar tortugas en contra de las paredes de su apartamento, los reptiles al explotar le dictan rancios aforismos con recomendaciones para el final de los tiempos. Un día bajo las copas de un olmo naranja, un escritor (de cual jamás se revelan sus datos personales) encuentra una tortuga que dice en su caparazón en alemán “reviéntame contra un solido”, el poeta sigue las indicaciones y comienza a seguir el dictado de aquella misteriosa tortuga. La tortuga comienza a manifestar delicadas proposiciones acerca del final de los tiempos, comienza hacer anuncios acerca de lo que ocurrirá en la comedia alpina, atenta contra las comunidades hispano arábigas, en contra de los críticos literarios y otras instituciones humanas. El autor comienza a sospechar de su oratoria, el cual va desde sus disposiciones tipográficas (su preferencia por la fuente Times New Roman 12) hasta un manifiesto sublunar pasando por un macabro geneocidio al modo romano, donde la única evidencia son cuatro manzanas,  y la tortuga no se detiene hasta que llega El editor , quien pide disculpas por llegar tarde a la obra y le hace ver al autor la cantidad de lios en lo que se ve envuelto por seguir los dictamenes de la tortuga, le a conseja remediarlo mediante la literatura, el autor ahora tiene que darle una lógica al tétrico manifiesto de la tortuga, para unir todos los cabos sueltos, en su extrañísimo dictamen se le ocurre escribir un cuento titulado Bennedeto Bussi en cuatro manzanas. Un texto dividido en cuatro partes, el cual funcionara como la teoría literaria del autor entorno al brutal homicidio de un grupo de esquiadores; en El cuento se cuenta la historia de un divo en su edad adulta, un magnate dueño de una montaña organiza un Prix de esquiadores, la reunión reuslta un desastre debido a la intervención de un grupo de jóvenes esquiadores dirigidos por el malvado Volvotobó, el cual secuestra al personaje principal. El cuento se le sale de control, los musulmanes realizan atentados en contra de varios de sus capítulos, los críticos literarios desafian su cuento e ahí donde comienza el autor una peligrosa carrera en contra de su texto, Mariana Barbarella una agente secreta decide embarcarse en la odisea de  rescatar a Bussi (al modo de videojuego), pero solamente con la finalidad de llevar su historia a la televisión italiana (un reality show dirigido por tres amantes de la poesía neorrealista). En un momento de crisis la obra supera al autor, al encontrarse Mariana Barbarella y el verdugo de Bennedeto Bussi, Volbotovó, el malvado príncipe del mal le confiesa a Barbarella que este es Manicomaqueo, enemigo de gluglú. Una vez mas se desafian con palabras. El autor no soporta tal revelación y cae en coma, siendo el psicoterapeuta y el editor los encargados de remediar la obra, que por la cantidad de paginas (según una revista de urbanismo y literatura hispanoamericana) irónicamente se ha vuelto una novela de épicas proporciones. Bennedeto Bussi es llevado en metadona a las oficinas de tv5, una brillante adaptación de su propia casa, pero con un Volvotobó falso como conductor. El autor descubre su voz, y confiesa en un epilogo el hecho de que tradujo una obra de un idioma que desconocía.    

El proyecto, por supuesto no fue aceptado. 

Detras de camaras de mi mejor cuento

Archivo de Word recuperado de un viejo disco duro.

El archivo es presentado íntegro y sin ninguna corrección. 

Un cuento que Beckett habría aceptado publicar. 

 

Un escritor en apuros.

    Nada es más divertido que la infelicidad, te lo aseguro.

    Sí, sí, es la cosa más cómica del mundo.

    Samuel Beckett.

El villano simplemente no aparecía. Por un momento pensó que sería el cuidador de gansos, pero no, en el balde de zinc que cargaba sólo habían huesos de manzana. El herrero, aunque de andar y modales sospechosos, había olvidado su mazo de acero. El violinista sin cejas abre su estuche en la mesa. En el estuche sólo hay partituras y pastillas de menta. Cada vez más decepcionado, cayó en cuenta de que una a una, se iban agotando las posibilidades. La posibilidad de un asesino. La posibilidad de un crimen. Y sobre todo, la posibilidad de ver a JJ Valens resolver una peligrosa aventura. La tranquilidad anterior al asesinato, pensó tratando de explicarse la serenidad de Lonesome Town. Estaba seguro de que en algún momento aparecería un bandido escondiendo su rifle bajo una capa negra. Aún así la situación empezaba a preocuparle. Los prisioneros prefirieron tomar la siesta a cavar un túnel para escapar de la comisaria. En la carreta del alcalde no había ni un solo baúl con explosivos. Los apaches se quedaron en sus campamentos. Los pumas no salieron de cacería. Los duelos de naipes se resolvían sin inconvenientes. La niebla no tenía la suficiente espesura para ser considerada una amenaza. No hubo derrumbe que perturbara el sistema nervioso de la mina. Los recolectores de hueso tallaban miniaturas de calcio. Los mexicanos bebían con mesura. Las putas parecían tranquilas y no se había extraviado ni una sola vaquilla. La maldad tiene métodos silenciosos, se dijo encendiendo un cigarrillo. En el salón de juegos del hotel un aire de tranquilidad esfumaba toda sospecha. En cualquier momento la caja del piano va a estallar en mil pedazos, estimó desesperanzado. Pero el piano no perdió una sola astilla. En cualquier momento una estampida de búfalos tiene que atravesar los cristales del hotel. Pero aquella tarde los búfalos, pastando indiferentes, no parecían interesados en el vandalismo.

    Bueno pero ¿Qué demonios está ocurriendo en Lonesome Town?— exclamó por fin el editor desesperado. No podía creerlo.

Encendió un cigarro y leyó en voz alta uno de los diálogos de JJ Valens, el intrépido protagonista.

“No puedo seguir así. Nunca sentí una humillación semejante. Y cuanto más se prolongue más terrible será. Me siento como un marido solitario. Espere un poco, déjeme pensar, ¿Por dónde empezar? Podría empezar por la tristeza, porque la tristeza es un lugar.”

El vaquero resolviendo traumas rusos y el editor desarmando su pluma fuente un tanto desesperado. Una situación nada deseable para un profesionista comprometido con un estricto programa editorial.

JJ Valene, el apuesto vaquero, por primera vez en años se encontraba desocupado. El forajido ahora bebía vodka, hablaba de insomnio, criticaba las sociedades instruidas, comentaba el valor de la timidez y la importancia de una voluntad bien formada. Después de extenuantes descripciones, el personaje había pasado las últimas treinta páginas monologando. Los demás personajes le escuchaban tristes y desesperanzados. El momento más turbador fue cuando hizo llorar a una mujer comentando públicamente su peinado.

“Monólogo Beckett”

Foxrock no te parece un nombre más adecuado. Un drama religioso. Drama Una pista de tennis, donde el protagonista descarga su pistola contra un cielo azul y terrible.  No sabía que en Lonesome tone hubiera. Teléfono desconectado.

Pero tú fuiste a la segunda guerra mundial.

Ya no quiero recordar, ahora quiero olvidar.

Un pañuelo de estrellas en el cuelló.

Estaba buscándome el cáncer

Estoy reescribiendo la última obra que te envíe, la reescribiré las veces que sea necesaria.

Le dijo a una Suzanne, mujer que no había aparecido en toda la obra que le cedía los derechos de todos sus asesinatos. Tiempo se va esfumando mi amigo

Ruinas refugio cierto por fin hacia el cual de tan lejos tras tanta falsedad. Lejanos sin fin tierra cielo confundidos sin un ruido nada móvil. Rostro gris azul claro cuerpo pequeño corazón latiendo solo en pie. Apagado abierto cuatro lados a contracorriente refugio cierto sin salida.[

Gramática del terror

la narración la posibilidad de prescindir de las unidades clásicas de tiempo, lugar y argumento, en orden a enfocar la obra literaria como exploración de la condición humana hasta sus últimas consecuencias.

 

Algunas de las más conocidas imágenes de Beckett fueron tomadas por el que es conocido como fotógrafo oficial del escritor, John Minihan, entre los años 1980 y 1985. Alguna de estas fotos ha sido considerada entre las más representativas del siglo XX.[84] Fue sin embargo otro fotógrafo, John Haynes[85] quien tomó la instantánea más reproducida de Beckett, la que aparece en la cubierta de la biografía de Knowlson, por ejemplo. El retrato fue tomado durante unos ensayos en el Royal Court Theatre de Londres, escenario donde Haynes fotografió muchas producciones de Beckett.

 

Así, para estos lectores, el toque de humor tan particular que Beckett añade a su tenebroso retrato de la abulia, el absurdo y la sordidez humanas, no puede demostrar más que para él, pese a su dureza, el esfuerzo en la vida debe tener algún sentido, lo mismo que parece tenerlo para el Sísifo de Camus, cada vez que alcanza la cumbre de la montaña. Quisiera que mi amor muriese…

Estar ahí sin dientes y mandíbulas…

¿Qué es esto?
¿Desde cuando?

yo y todos los otros que te amen
si te aman

Cuenta de cómo unió un cuento de beckett y uno de Calvino en una sesión de espiritismo. Teoria de los conjuntos.

Efectivamente no se había disparado una sola bala en toda la novela. El editor estaba desconcertado, Lonesome Town, una de las regiones imaginarias más peligrosas del medio oeste americano sobrevivía a una crisis filosófica. En el último capítulo “Un extraño nos visita” creyó que por fin aparecería el asesino, pero no, el extraño era Nietzsche. Según la opinión de Ralph nada tenía que hacer el siniestro pensador en el medio oeste americano. Estaba fuera de contexto, toda la novela estaba fuera de contexto. Hojeó una vez más los folios de la última entrega de “Lonesome Town” y  Western Filosófico.  El editor pensó en darle una lección. Contrató a tres.Una nadadora.  No sé, quería que JJ Valens fuera su propio enemigo.

 

“ — Reflexione señorita. La  tristeza es la perdición. Pero ya ha sido bastante. Arréglese el peinado”

Mientras tanto en una ciudad importante

Se acerco lentamente a la fogata. Esta quemando los libros.

La depresión es un enemigo más interesante que los apaches.

No te das cuenta yo soy JJ Valens.

De eso se trata de acabar contigo, de aproximarte a la muerte. De semblante terrible

Lo importante es que nadie lo esperaba. Con un estuche de venenos, las cuencas vacías. Y les digo algo así cómo. 

No eran los rusos, no era más deprimente todavía.

No lo entiendes, la felicidad es la cosa más cómica del mundo

El editor le prestaba cosas y el escritor s rehusaba a leer a un tipo ciego

Se sentó, y apoyo algo le incomodo en su asiento, se levantó y junto a una pastillas pulverizadas encontró un tomo de Samuel Becket, el tomo que le quien le sonrio desde la portada como qu

 

Que este texto parezca escrito por beckkett

 

Lonesome Town no es uno de esos pueblos imaginarios de faulkner

No había sido, definitivamente una buena idea prestarle a ese hombre simple un libro de Sammuel Beckket.

Estuviste leyendo a Beckket.Despues le hablo de la importancia que tienen los libros en la formación de los estados mentales. Digo mentales, pero sono tan importante como si hubiea dicho nacionales. Tenemos una nación en la mente, una nación sin banderas y con muchos antepasados.

 

    Cuidado con ese revolver zorrita.

    ¿Por qué todos hablan como si fuera russo?

Los americanos necesitamos acción, no conciencia.

Hojeó los folios de la última entrega de Memorias de Lonesome Town y comprobó sus sospechas, ningún arma había sido disparada en las noventa y cinco páginas que formaban la novela.

Apoyando su cabeza en las orejas del sillón. Sobre la mesa habìa un libro de Beckett, su libro de Beckeet, el libro que olvido la última vez que iba a visitarlo.

En el bar todos mantuvieron la mesura,  Ningún caballo se puso nerviso.  Nevo en Lonesomesome town pero no fue suciente para poner nerviosos a los caballos. En fin ningún arma fue disparad       Más de cuatrocientos villanos habían visitado Lonesome Town. Ferrocarrileros endemoniados, cuatreros  Dingo Balleres los habìa  pero ese dìa Dingo parecía bastante meditativo.   No había peligro Los bandidos mexicanos se limitaron amaestrarse los bigotes. Los pumas no salieron de cacería. Las putas no mostraron signos de violencia. No apericio ningún confederado. Los ferrocarriles  El muchacho de los diarios No hubo crimen que resolver. El afilador de cuchillos, tiene que ser él. Pero no, el afilador de cuchillos había olvidado todos sus instrumentos Era la obra màs extraña que Lewis habìa leído en toda su carrera. Lo primero  Nadie disparó ningún arma en toda la novela. Toda la pieza ocurría en el. No hubo tornados, ni inundaciones.

¿Quién te crees para educar a tus lectores?

¿Qué vas a saber tu del sufrimiento?

 

 

 Si no había un asesino no había acción sólo espera. No tenía nada, nada de nada. Pensó en llamar a  Luego que alguna puta iba a entrar en un cuadro neurótico, pero no    El editor estaba preocupado, hojeo una vez más el borrador de Memorias de Lonesome Town. Decidí sustituir acción por conciencia. despúes de una Muchos pensaron que sería el afilador de cuchillos, pero no, ni siquiera llevaba

 

 

 

 

Cuando el problema de un hombre es escribir una novela, la novela nunca es suficiente.   Sam Didion había escrito cerca de cuatrocientas novelas pero ninguna le había causado problemas. Problemas verdaderos Sam buscaba sentirse desdichado y parecía que iba a conseguirlo. La escritura era un adiestramiento solitario. Estaba desesperado. El sufrimiento era obligatorio, lugar común.  Sentirse perdido. El remolque era su laboratorio, ahí demostraría que  para lograr su propósito. Necesitaba comprar que podía escribir ese libro. Alcanzar la altura que busca todo suicida.  Necesitaba volver de su existencia un problema para luego intentar solucionarlo. Era esa la única trama que valia la pena resolver. En realidad buscaba escribir una novela y ese iba a ser su único y verdadero motivo de desdicha. una novela para explicar para la desdicha. En realidad quería escribir acerca del hombre, de los problemas que se busca el hombre. Sam Didion buscaba sentirse tan turbado como debió haberse sentido Samuel Beckett al escribir su obra. Sam Didion quería escribir como Beckket. Sam Didion quería escribir la obra perdida de Beckket. Que de sus novelas se dijera esta obra Beckket hubiera aceptado escribir. No consideraba su afán una imitación, él prefería verlo como una continuación. Beckett de seguir vivo hubiera seguido escribiendo, donde quedaron entonces los tomos que Beckett hubiera escrito. A eso respondería la obra que aún no escribía. Lo primero, como decía antes era sentirse desdichado, inventarse una tormenta y dejar que la tormenta le inhundara el piso inferior de la casa para tener que subir corriendo las escaleras y ahí, ahí, empapado empezar la novela.  Una vez convencido de que habitaba un cuerpo asesinado, se sentó frente a la máquina de escribir pero no logró escribir una sola palabra. Una vez le preguntaron en una entrevista

 

 Buscando entenderse en una trama desfavorable. El horror. Dejo su marca dental en una manzana.  Quería una novela melancólica, quería hundir así que tnía que empezar por sentir asfixia. Destruyas vocación nociva. El material genético de un hombre es suficiente para formar un demonio.  Evaporar su psique hasta formar una nube gris. Su aspiración era el desastre y uno como es bien sabido por los meteorólogos no puede  Ya tenía su valle con neblina, ya tenía frio, que más se necesitaba para evocar la tormenta. Semejante seguridad en sus métodos.  El escritor se encontraba en apuros, el único drama es que no podía escribir y esto último ya lo había expresado.  Si hubiera tenido valor se hubiera hecho saltar un ojo pero su cue Le escribió una carta a su madre recordándole que estaba muerta. Luego angustiado. Miraba con desdén el espejo. Voy a liquidarte. Tenía que enfrentarse a sí mismo. Metere la mano a la boca y regresar con medio pulmón. Esa noche Sam Didion parecía decidido a llevarse al extremo.. El escritor era escritor y le era imposible escribir. De la actividad dependía su condición. Escribir nunca había sido un problema para Escribía sin freno, ocho horas diarias. Sin dientes No hay nada que cause más pena que un escritor llevándose extremo. Sam Didion en el remolque  recordó. Para Sam Didion el acto de escribir nunca había sido un problema. Ahora en apuros. Era muy tarde, era demasiado tarde.   

 

Sam Didion se quitó la dentadura y se miró con cierto dramatismo en el espejo. La prótesis de magma rosáceo resbaló del lavabo y se rompió en dos piezas idénticas. Didion pareció no darle importancia al accidente. En ese momento buscaba por todos los medios posibles extinguir su personalidad, obligar a su mente a entrar en un cuadro de acción involuntaria. No había tiempo para distracciones, se había propuesto el no apartar, bajó ninguna circunstancia, su atención de aquel espejo. Sus ojos, estropeados por el valium, parecían decididos a cumplir con el extraño objetivo. La dinámica era la siguiente: detenerse frente a un espejo el tiempo suficiente hasta hacer sentir nervioso al propio reflejo; los efectos buscados: esfumar la conciencia, desconocer su situación corporal, disociar al cuerpo de su medio y todo esto para estimular una condición creativa lo más siniestra que fuera posible. El remolque permanecía en silencio, el viento soplaba sereno, la noche era fría. Didion, desdentado y con la mirada entumecida anticipaba su condición de cadáver.. Su pastor inglés mordisqueaba las patas de la silla.

El editor, ajustándose la gabardina vio sus zapatos enloados y pensó en lo difícil que era ser editor en chicago (la puerta estaba abierta). Dentro sonaba el disco stardust de Willi Nelson y se pensó en estar en una comedia americana. Unas botas, el departamento de un malboro man, se detuvo en el vestíbulo a admirar un afiche de JJ Valens con la rubia y un maletín con relojería intregada, el cristal estaba roto. Dividía en dos el cuadro. Vio varias botellas en el suelo y a tirado en el sillón (Raymond Chandler) Tenía la cabeza apoyada y los calcetines  arrugados. Un agradable calentaba la sala. Sobre la mesa de lava gris estaba la máquina de escribir. La miniatura de un tanque. Miraba con cierta ensoñación, (depresivo, muy depresivo)

 

 

 

Sam Didion no se veía precisamente saludable. Esos relatosen los que el protagonista tiene que deshacerse de un cadáver. Sustitir la acción por la conciencia, detenernos, enfrentarnos a nosotros mismos. Luz plátina Negarse a su vida anterior. La sensualidad del aceero. Una mujer con una balanza lo decapitara. No precisamente la justicia, pero sí, probablemente una media hermana. Había que reconocer lo evidente. En una carretilla su obra y la tiró por un acantilado, Bessy, su pastor inglés. Una facha de haberse buscado. Viviendo un punto crucial de la historia. Una excursión dramática por el bosque de álamos. Perturbado, sobre los tomos, algunos deslomados se acomodaban varios cascos de cerveza. Venía borracho y decidido a tomar medidas frente a su producción. Donde tenía el laboratorio de escritura creativa. Los visitaba un tal Samuel Beckket. Se sentó en la loma. Persiguiendo zorros, pastor inglés babeante. Con ganas de plomo derretido. Las cintas de precaución, Didion no se sentía bien. Un armadillo disecado. Descubrir en su derrota los sítomas de la sensualidad creativa que buscaba desesperado.     Su pesimismo. Soñó que el escritor irlandés, con uniforme deportivo después de buscarlo lo obligaba a comerse una paloma viva. Amaneció perturbado y le entraron ganas de patear a Bessy, su pastor inglés quien mordisqueaba intranquila las patas de su silla. Substancia pensante. Encontrar soluciones originales. Tramando un pesimismos con la almohada. Su humor que lo distinguía , imperturbable.

Mire leí un libro, un libro importante y decidí, bueno que creo que no tiene sentio seguir una trama que no va a llevarme a ninguna parte. 

Ahora que, quieres escribir para universitarios con problemas de identidad. Tú público te sigue chico. No sabes la cantidad de cartas que reicibimos a la semana

No, no. Creo que toda

No hay hombres.

El problema de Sam Didion era que había leído a Samuel Beckett y se había visto obligado a reconocer que toda su obra era una mierda. Todas y cada una de las piezas escritas en sus veinticinco años de carrera. Sam Didion era el afamado escritor de la saga de medio oeste “La vida en un pueblo llamado Dorothy Falls”. Colección de más de setenta y cinco novelas breves protagonizadas por Mike Bennington.  Bennington, fumador incansable, un venturoso forajido que descubre su vocación de héroe frente a las injusticias cometidas por los distintos villanos que visitaban, con bastante regularidadlos bancos y negocios del desolado pueblo minero de Dorothy Falls. En la obra no faltaba la intrina y los episodios pasionales.  Sam Didion una vez  en papel graduado. Y lo primero que hio fu deprimir a los personajes, todos se veìan tristes y cansados, habían perdido la afición por la aventura.  Mike Bennington decía cosas como: Un grito de dolor estalló en la oficina. Una puta dejando su libro de Crimen y Castigo junto a la pianola no era una escena particularmente . En el que Bennington descubría una mujer decapitda en la minas y resolvíar. Un volcán legendario, una pradera en llamas. No se encoja de ese modo, usted es el escritor. Dientes como una hilera de tumbas. Éxito de ventas. En pianos. Cadaver escondido en un piano. Sin temperatura sentimental. Producida en serie

 

Quien en sus buenos tiempos, se zampaba un yogurth con avena antes de escribir en su estudio privado. Sabía escribir cuatro horas sin frenar, dactilado estaba convencido que si quería tenía que poner. S

Sus personajes deaumbulan los empolvados escenarios de su obra sin pasiones sin ese hado de temor que se posa sobre los textos. El sexo y las armas ya no mostraban atravemiento alguno. Dramas ahistoricos, mujeres abandonadas sin el màs mínimo desdén. Buscaba el estado de conciencia adecuado para exponer, pero cayó en cuanta. Despertó en el único sillón del, Bessy su pastor inglés mordisqueba nerviosa una de las patas. La vida en la pradera. Porque la sombra aseguraba su condición marginal.

Dos ejercicios:

La disección de un conejo.

Ayunos y mucha marihuana. La idea de destruir, escribir le hacía sentir bastante desdichado. Desconfiaba de todo texto. Pensamientos obscuros y silenciones, creía que había que poner la mente a prueba. Había salido a cavarse tumbas. 

Esa era la dinámica: estar el tiempo suficiente en un espejo hasa hacer sentir nervioso a tu propio refleola había leído en un libro de ejercicios de teatro que había encontrado en un libro  llevaban el entorpecido antifaz que había conseguido con su reciente adicción al valium  volvían posible su objetivo.     Llevaba el entorpecido antifaz que informa el desvelo y los malos ratos. El remolque esta hecho un desastre, todo estaba tan desordenado tanto así que parecía haberse volcado por una colina.  No hubiera sido capaz de lastimarse, lo único que en  De su boca hundida en cualquier momento podría salir una mano llena de flemas buscando estrangularlo.  haber salido una mano podrida. Una depresión estimulada, si la obra quedaba bien incluso había considerado matarse. Ejercicios de autodenostación. Su màquina de escribir. Nuna había disparado un arma. Cobarde, en efecto los únicos gatillos que he accionado. No parecieron entender la broma. El escritor, atemorizado accionó la bennington. Bessy se levantó despavorido. Didion no volvería verlaBuscando desconocerse, entenderse como cadáver. El ejercicio consistía esfumar sumergida en el su personalidad y sentirse desdichado. Buscaba por todos los medios extinguir su alma. La dinámica era bastante demencial y ateradora Tan desdichado Habìa leído a Samuel Becket por recoendación de Nicole y habìa descubierto o reconocido, mejor dicho que toda su obra era una mierda. Había tomado medidas.  El era el escritor de la popular saga de novelas vaqueras. Había vuelto un triller psicológico, lo cual hacía parecer a fornido y esplendido Sven Packard, el vaquero italoamericano. Habían recindido elcontrato. El personaje entraba en una turbía espiral. No había acción sólo pensamiento. El único asesinato se preguntaba si de verdad había cometido el asesinato. Había reicibido cartas de sus seguidores en lo que hacían notar que los reflejos morales y la ocon los que Sam había condicianado a su peronaje volvían cobarde y un tanto afeminado. Bob se encontró. Lo que el pensaba como un triller psicologógico ahora parecía una novela de terror de segunda clase. Abandonaría a saga y escribiría una novela con un corte mucho màs humano, donde se pudieran sondear las profundidades de la exitencia. Una obra humana, basta de balazos. Le Ahora se había retirado durante cuatro meses, uno por cada estación a una casa remolque no mu lejos de Salt Lake City. Una pradera devastada.  Sam Peck    Se bebió  Despés Se apareció con una caja registradora y papel higiénico. Y malvaviscos. Mire se està poniendo usted muy difícil. Dar con su dirección no había sido complicado, Marlon el del diente de oro se había presentado como editor en casa, y que era importatísimo, Mickey su hermano menor no había pensado le había dado las indicaciones para encontrarlo.  Sam barret, quien era bien concido por su sentido del humor ahora buscaba por todos los medios zambullirse en el pantano de una depresión inducida. Pálido, había bajado varios kilos,una barba descuidada, a la Gary Gilmore. Meterse en problemas, someter a su conciencia a la muerte. U día desaparecieron. Habían sido apresados en un estudio en los Àngeles tras , màs tarde le confesaría que buscaban adaptar. Fue a desaserse de ella en un acantilado Sam Pecking con su màquina de escribir en un carretilla buscaba el acantilado perfecto para deshacerse de ella. Su pastor ingles mordisqueaba bastante nervioso mordisqueaba las patas de la mesa. Había regresado con el cadáver de un conejito el cual garret puso sobre la plancha d, dejó algunas manchitas de sangre. En ese momento leía a un escritor trantando de encontrar las claves para plantear un pantano,nadie tan malvad como los rusos para demostrar esta capacidad. Los buenos eran buenos. Los villanos eran. Había armas y las armas eran usadas. Todos fumaban y no había mujer con la que. El medio oeste, carretas destrozadas, pueblos abandonados. Siempre respondía a la misma matriz actancial. El héroe, el villano, la mujer, los personajes auxiliares, los personajes opositores. Si quien es. Disculpe pero no pienso abrir, ya es tarde. Vio tres siluetas asomarse por la puerta central. Betty ladraba furiosa. De un tiro vólo la cerradura. El disparo fue terrible y preciso.  Decidió matar a Arsenal. Ni siquiera tivo una muerte digna, un disparo acidental le había astillado el sarcofgo del pecho. Un puma inadvertido lo despedazaba en un campamento, todo para terminar en las fauces de una bestia. Jean, la heroína ni siquiera había podido despedir. No había visto siquiera la for uscando descomponerse. constituri relaciones con el mundo. DEsharìa los tímpanos que haría entrar. Una ambulancia abandonada. Un par de maletas abiertas. Un campo desolador y terrible. Su “zorrita de ojos verdes” quien con los ojos en blanco daba las mejores mamadas ue una. Sus enemigos, Dienes de Caramelo y seguían merodeando por ahí. La escena era bastante pavorosa, los ojos velados por el Escapado de un sepulcro buscando morir por segunda ocación.  , Parecía que Didion fuera un ciego al que olvidaron frente a un espejo.

 

Lo que Gunter queria decir.

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo mexicano,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,

al que se ha sometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“malinchismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a México otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hacia donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el temor…

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de México, al que estoy unido

y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

México, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque —suficientemente incriminados como mexicanos—

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos del país permita

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear mexicano

Solo así podremos ayudar a todos, 

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.

PEGASO ZOROKIN

“La piedra había sido removida” Marcos 14:6

Pegaso Zorokin se había enamorado y había decidido dejar las drogas. La idea a decir verdad no lo convencía del todo. Se lo había prometido a su chica. En la escuela todos se drogaban. No tenía por qué estar mal drogarse. Pegaso pensaba en voz alta derribado en el diván. El Meth apenas había dejado cicatrices en su rostro. Pegaso Zorokin no lucía nada mal para tener veintidós años. Antes de salir a ver a María Eugenia se pintó el pelo de azul y se echó a reír. Se miró en su cámara de luz y se afeitó con un cuchillo. Se parecía tanto a ella. A su mujer, a su pájaro azul. Los dos se parecían tanto. María Eugenia tenía un solo inconveniente. A ella no le gustaba que él se drogara. Pegaso miró con desdén su reflejo. Se realizó varios cortes en la muñecas y se hizo una cicatriz vertical en el ojo izquierdo. María Eugenia no tenía por que enterarse. El muchacho encendió la piedra en su pipa reloj. Las manecillas giraron furiosas. Sostuvo el humo de entre los dientes. Se vio en el espejo hasta que su pecho quedó iluminado. La pipa se quedó suspendida en medio de la alcoba. Pensó en regresar el tiempo. En no encender la pipa. Un pulso volcán se lo impedía. Demasiado tarde Zorokin, la tierra finalmente se había transformado. El tiempo retrocedía. Pegaso se puso sus botas de zinc y encendió su automóvil. El mago se veía guapísimo conduciendo. Pegaso Zorokin había fallado una vez más. No era sencillo dejar la droga. Zorokin llevaba toda su vida encendido. Cuando le enseñaron a conducir venenos Pegaso tenía tan sólo nueve años. Él hacía sus drogas en un matraz. A sus doce años Zorokin había recibido un premio por inventar el Meth Z. Estando bajo el curso de la substancia habían muerto tres compañeras suyas. Era importante dejar las drogas. Era importante dejar de hacer drogas. María Eugenia lo valía. ¿Por qué era tan difícil para Zorokin entenderlo? Ahora la piedra licuaba su mente. El mago se sentía vivo. Zorokin conducía con destreza su Volvo negro. Puso a Can en el estéreo y aceleró. Apenas llegó a casa de María se vio en el espejo del auto. Pegaso estaba nervioso. Tenía los ojos azules y escamas entre los dedos. María Eugenia se daría cuenta. Él había roto su promesa. Antes de llegar al apartamento de María abrió su maletín, buscó unas tijeras y se cortó los párpados. Se puso imanes detrás de los oídos y encendió un cigarrillo. Tendría que mentirle a María. Se vio una vez más al espejo. Qué imbécil. Se había cortado los párpados. Había vuelto a la piedra. Su chica iba a enojarse. Pegaso estaba furioso. No quería que María Eugenia lo viera así. El muchacho volvió a encender el Volvo y lo estrelló contra un puente. Salió del auto en llamas y fue a la ciudad a comprar gafas. El muchacho atravesó todo paseo de los insurgentes y se detuvo en el parque Hundido. Hace apenas tres días le había prometido que no se drogaría. La piedra había llegado a él. Cómo explicarlo. El mago furioso destrozó una estatua de mármol. Era el general Vicente Guerrero. Cuando el insurgente estalló una espada de cobre cayó al suelo. Zorokin la levantó. Los puños le sangraban. La empuñó y trató de derretirla. Hágase mi voluntad gritaba Zorokin soñoliento. Y un magma ardiente le escurría entre los dedos. Una patrulla se detuvo frente al parque. Zorokin pegó un salto desde los escalones. Sus puños brillaban plateados. La espada se había derretido. Tomó al oficial del pecho y lo hizo arder al rojo vivo. Las balas de la cartuchera estallaron. Zorokin se echó a llorar. Lo había hecho otra vez. Al menos no había sido tan grave. La última vez había destruido un helicóptero del estado. Los jóvenes mataban en su país. Los jóvenes se drogaban en su país. Pobre Zorokin mago salvaje adicto a la piedra. Pegaso Zorokin se sentó en los escalones y retrocedió los tiempos. Esta vez lo logró. Logró retroceder el tiempo. El oficial está vivo. La estatua del general Guerrero se reconstruye, la espada regresa a su lugar. Zorokin llega a la plaza. El oficial vuelve a acercarse. ―Joven, necesito revisar su bolso. Le dijo desafiante. Pegaso Zorokin abrió el bolso. Dentro, sólo habían cosméticos y un libro de Boris Vian. ―Son mis libros de la universidad. Le dijo Zorokin y se echó a llorar. ―Tenga cuidado. Le dijo el oficial. Pegaso asintió. Que estupidez haber regresado el tiempo. Debió haberlo dejado muerto. Absorberle el tálamo y ya delirante desaparecer su cadáver. Zorokin entró a un Sanborns, se tomó un americano y compró unas gafas de Armani. Recorrió caminando la ciudad. María Eugenia se daría cuenta. María Eugenia lo sabía todo. El pensamiento enloquecía a Zorokin. La Ciudad de México lo hechizaba. El transcurrir del tiempo y las cosas lo seducía. María Eugenia lo sabría. Ella también había sido drogadicta. El mismo Pegaso le hacía drogas cuando eran niños. María Eugenia se había limpiado. Hacía años que María Eugenia no conducía una sola substancia por su organismo. Ahora María sólo comía peras y almendras. Él le juró que no volvería a encenderse. A los tres días rompió su promesa. Pegaso Zorokin apareció en la puerta de María Eugenia con gafas negras. Pegaso le hizo el amor por primera vez y cuando despertaron encontraron un diamante flotando sobre la cama. Pegaso le pidió autorización para guardarlo. El Meth Z , su droga favorita, adquiría fuerza con ese cristal. María Eugenia le quitó las gafas y se echó a llorar. ―Fumaste piedra otra vez. Le dijo severa. ―No lo vuelvo hacer. Le contestó el mago. Pegaso sintió repulsión y trató de regresar el tiempo. Zorokin no tenía fuerzas. El muchacho, con los ojos llenos de lágrimas comenzó a desaparecer. María se sentó en el diván. Pegaso le dio la espalda. El diamante lo atraía con fuerza. Encendió un cigarrillo y se levantó del suelo. Zorokin rezó un padre nuestro y descendió para abrazar a María. María Eugenia guardó el diamante en su relicario. El relicario era de magma detenido. Solo ella sabía abrirlo. Zorokin se había vuelto a poner las gafas. Sudaba. Se encontraba ansioso. Con la fuerza de los dientes se había cortado la lengua. El filtro del camel estaba lleno de sangre. María se acercó a limpiarle el pecho. ―Por favor vete Pegaso. Le dijo llorando. ― ¡Dame el relicario! Le pidió Zorokin bañado en sangre. María lo puso en sus manos. ―¡Ábrelo! Le gritó el mago con los colmillos de fuera. Con su mano derecha apretó el cuello de María Eugenia y comenzó a asfixiarla. Zorokin lloraba. Tenía sólo tres dientes y cientos de alfileres clavados en el paladar. La lengua brincó de su boca. La lengua estaba llena de perforaciones. María Eugenia sumergió sus dedos en el cofre ardiente. Su mano se inflamó de sangre. Sus ojos crecieron. A través del cofre su mano se hizo de hueso. Sus ligamentos azules se separaron de la carne. María Eugenia sacó el diamante. Pegaso desdobló la cuchara que llevaba en la muñeca y puso el diamante sobre ella. El diamante se encendió al rojo vivo. Ella sabía cómo se sentía Pegaso. Su mano izquierda estaba destruida. Pegaso se quedó dormido, la cuchara estaba deshecha. A Pegaso le crecieron los párpados. Las heridas del Meth sanaron. Los dientes se compusieron. ―Tienes razón Zorokin, los drogadictos se parecen mucho a los santos. Los drogadictos son hombres ansiosos por transformarse en Dios. Le dijo María Eugenia y le besó la frente. Luego la mujer removió la piedra. El resucitado dormía. María buscó a su tortuga y la destruyó en mil pedazos. Entonces empezó el libro.

Vigilancia Extrema


   ¿Entonces usted se llama Pegaso Zorokin?

El oficial se levantó de la silla y encendió la grabadora. El muchacho de cabello azul miraba al horizonte entristecido.

Así es.

¿Qué ocurre si te digo que eres la quinta persona a la que detengo esta semana y me dice que se llama como tú?

Probablemente es la quinta vez que me atrapa esta semana.

¿Pegaso Zorokin es entonces una banda criminal?

El muchacho se echó a reír.

 A ver niño ¿Qué pasa si te digo que yo también soy Pegaso Zorokin?

Entonces yo sería el oficial.

El policía sonrío y apagó la grabadora. Hizo a un lado la mesa y le dio un puñetazo a Pegaso.

Zorokin se echó a reír. El policía arremetió un segundo puñetazo contra el muchacho. La silla a la que Pegaso estaba esposado se tambaleó.

Pegaso no dejaba de reírse.

El policía se acercó al muchacho, le sostuvo la mandíbula con ambas manos y le forzó a abrir la boca. Al muchacho le faltaban tres dientes.

La sonrisa de hielo.

¿Qué clase de droga has estado consumiendo niño?

El muchacho se quedó callado.

No es una droga.

— ¿Entonces?

Es hielo mágico.

Bien ¿Cómo obtienes el hielo mágico?ágico?

Lo hago en mi sótano.

¿Cómo haces el hielo mágico?

Anticongelante, Pseudoefedrina, Rivotril caducado, Cymbalta, Amoniaco, Cianuro, Éter, Fosfato de sodio, Cloruro de Calcio, Diamantes y Baterías de Celular.

— ¿Metanfetaminas?

No, Meth Z. Yo la inventé.

¿Qué efectos produce el Meth Z?  

Demencia y psicosis. Una vez que lo fumas tu vida cambia para siempre. Es la substancia más peligrosa del mundo.

¿Por qué alguien desearía cambiar para siempre?

   Es sencillo, para olvidar todo lo que sabías. Es como matarte pero más divertido.

El oficial encendió un cigarrillo.

— ¿Haz compartido con alguien el Meth Z?

Sí, con su hijo esta tarde.

¿Con mi hijo?

    Su hijo mató a su esposa y ahora va corriendo rumbo a Mexicalli.

El oficial sonrió con cierta demencia.

¿Cómo se llama mi hijo?

Ahora se llama Pegaso Zorokin y está por empezar su libro. 

Pegaso y Sailor

La conocí en una convención de Manga y Anime en Santa Fe. Ella iba disfrazada de Sailor Moon. Además del uniforme llevaba un broche de luna y un bastón dorado. Yo conocía a Sailor Moon por mis hermanas. Seguro la vieron en la tele: una zorrita manga con poderes mágicos. Una colegiala de quince quilates. Una piececita de oro japonés.

La muchacha pasó frente al escaparate, se detuvo a verme y se siguió de largo. A mí el Manga no me interesaba en lo más mínimo. Que quede claro. Yo ese día estaba trabajando en el stand de Atari. Llevaba armadura plateada y un swimsuite de neopreno. Yo era un caballero del Zodiaco. Estaba encadenado dentro de un escaparate. El agua me llegaba hasta el pecho. Era sin duda el trabajo más extraño que había tenido. La compañía Atari había decidido lanzar una nueva línea de juguetes en Latinoamérica. El stand era espectacular. Había pantallas y estatuas de los juguetes a gran escala. Yo era el centro de la instalación: un caballero del Zodiaco encadenado en el agua. Llevaba desde las nueve de la mañana dentro del tanque.

Entonces fue que Sailor Moon se volvió a aparecer.

Sailor Moon se detuvo frente al escaparate más de media hora y se fue. Regresó con dos amigas suyas quienes se rieron. La niña se me estaba insinuado. Era evidente. A mí la cosa empezaba a divertirme.

Tres horas después Sailor se sentó en una banca. Yo la miraba con cierta desesperación. El traje me incomodaba y el cabello me sudaba. Sailor se levantó, se metió el índice a la boca y desapareció de mi vista.

El trabajo lo había encontrado en internet. “Se busca joven actor para decorar escaparate en feria de manga”. Me iban a pagar doscientos pesos por todo el día. Me aparecí temprano. Dos técnicos ensamblaban el stand. Me puse el traje de neopreno. Me ataron la armadura al pecho y me pusieron una corona de aluminio. Entré al tanque transparente. Los hombres me pusieron grilletes en los pies y cadenas en las manos. Luego llenaron el tanque con una manguera. Cuando el agua me llegó al pecho cerraron el grifo. Las cadenas ejercían su peso sobre mi cuerpo.

Luego se acercó una ejecutiva quien elogió el trabajo de los técnicos.

El día transcurrió sin novedad. Sailor Moon había desaparecido. Frente al escaparate de Atari había un módulo de Play Station y pantallas gigantes. Un grupo de geeks se tomaron fotos frente a mí. Un niño amablemente me lanzó una tortuga de hule. El paso del tiempo comenzó a asfixiarme. Cerré los ojos hasta que escuché golpes en el tanque.

!Pegaso! me gritaron vine a rescatarte.

Abrí los ojos al instante. Entonces me percaté que Sailor Moon había regresado. Llevaba una espada y estaba completamente despeinada. La miré confuso. Levantó la espada por los aires y descargó la hoja contra los cristales del tanque.

El tanque estalló en mil pedazos. El golpe y el cansancio me derribaron en el suelo. Entonces perdí la conciencia.

Cuando desperté Sailor Moon me tenía entre brazos. Yo seguía encadenado. La jovencita estaba empapada. Alrededor nuestro había cientos de niños y varios policías.

Pegaso me dijo mis amigas dicen que estoy loca, pero yo de verdad te quiero mucho.

Sailor Moon se puso de pie.

Llevaba un revólver en la mano izquierda.

¿A ver pinches culeros? ¡Quién tiene la llave! gritó apuntando al público.

La ejecutiva apareció junto a dos policías. Los policías se acercaron lentamente y me desencadenaron. Me miraron asustados y le pidieron a la chica que guardara la calma.

Dedo, putos les dijo Yo y Pegaso nos largamos de este pinche circo.

La muchacha tenía el revólver en las sienes.

Ven Pegaso me dijo me tomó del brazo y sin dejar de encañonarse corrimos por todo el centro de convenciones.

Todo aquello era un como sueño, todo aquello tenía que ser un sueño. Me dijo que se llama María Eugenia.

Entonces empezó el libro.


Bildungromance

 

“Simplemente me senté y pensé, durante cuatro horas 

y todos los detalles aparecieron en mi cabeza,

y este chico desarreglado y de pelo negro 

que no sabía que era un mago comenzó a ser

cada vez más y más real para mí.”

 

J.K Rowlling.


Fue el profesor Ángelo Galligiani quien invitó a Ítalo Calvino a Hogwarts. Ángelo Galligiani se estaba jugando el pellejo, de ser descubierto sería desterrado y el pobre escritor italiano asesinado por dementores. Aún así la idea lo tenía obsesionado. Al profesor de literatura le parecía elemental la intervención del profesor en su curso. Además de la admiración personal que le expresaba, se sentía en deuda con la editorial que el italiano dirigía. La editorial Eneudani, a cargo de Calvino en aquella época, había publicado bajo pseudónimo un libro de relatos suyo. El profesor había recibido a su correo personal una carta de Ítalo Calvino donde elogiaba su imaginación y su desarrollo cognoscitivo en lo que él llamaba “un suceso transcendental en la lógica de la descognición”. Calvino en la carta le decía que se moría de ganas por conocerlo. El profesor Ángelo Galligiani, profesor de Literatura Universal en la Academia de Magia utilizaba varios de sus libros en la enseñanza del módulo de literatura contemporánea. Ángelo consideraba esencial que sus alumnos conocieran al menos a un escritor antes de graduarse de la academia.

Pero la regla estaba clara: ningún hombre no mago (muggle), sin distinguir profesión o mérito, podía entrar a la escuela de magia. Los escritores se parecen más a los magos que nosotros los magos, escribió Ángelo en su libreta. Ángelo, cada vez más obsesionado, decidió plantearle la situación a Calvino. Ángelo sabía el ridículo que supondría la lectura de esta carta. Al final se animó a enviarla. Si Calvino no le creía todo aquello del castillo de magos y los portales secretos, estaba seguro, el escritor se divertiría con el relato. Entonces se decidió a enviar una invitación al escritor italiano a la afamada escuela de magia. En una larga carta, reescrita en varias ocasiones, le aclaraba que se trataba del primer hombre no mago en ser invitado al instituto, en la carta también le expresaba el peligro que corría su cargo en la institución y le detalló los procedimientos para infiltrarlo, luego lo citó en Londres, se verían a la entrada de los Jardines de Kengiston. Calvino, sin hacer una sola pregunta, le contestó la carta diciendo que estaría encantado de conocer  “la más prestigiosa escuela de brujería del mundo” y que con gusto dictaría su conferencia. Se encontraron a la entrada del parque a medianoche según la indicaciones de Ángelo. Calvino no llevaba más equipaje que una valija. Galligiani se apareció con un paraguas transportador.

Promete no contarle esto a nadie. Le preguntó Ángelo mirándolo con énfasis.

Lo juro. Le respondió Calvino con seriedad. 

Ángelo le pidió que lo sostuviera con fuerza el paraguas. Calvino empuñó en el mango dorado del paraguas. El escritor dio un pequeño grito de emoción cuando se levantaron del suelo. Atravesaron Londres volando hasta llegar a Hogwarts. Aterrizaron en un lúgubre bosque y recorrieron el castillo de forma silenciosa. Calvino ante el asombro de Galligiani, atravesó el castillo con toda naturalidad. Se detuvo frente algunos retratos y se asomó por las ventanas.

Siento que estoy soñando le dijo en italiano. Galligiani separó un muro con el golpe de su varita, el muro adquirió una densidad liquida y ambos académicos lo atravesaron. Descendieron por un pasillo secreto. Galligiani le dio una frazada y par de veladoras. 

Disculpe, pero nadie puede enterarse de su visita. De ser así seriamos aniquilados. Le recordó Ángelo nervioso

No se apure, le veo mañana temprano. 

Calvino se quedó trabajando a luz de la vela en unos papeles. 

A la mañana siguiente, Galligiani se apareció nervioso, no había dormido nada.

En quince minutos comienza la clase, necesito que se ponga esta túnica. Le dijo Ángelo alterado.

Calvino se puso la túnica. Ángelo lo presentó ante el grupo.

Queridos muchachos, les presento al señor Ítalo Calvino, sin duda el mejor escritor europeo del siglo XX, un mago de verdad. Dijo Ángelo y leyó su bibliografía.  

Los alumnos le miraban con desconcierto. Calvino se echó a reír y extendió su capa. Calvino hizo una reverencia ante el auditorio, la túnica flotaba sobre el suelo. Calvino se quitó el sombrero y comenzó su conferencia hablando sobre la novela telúrica primordial y su deferencia al relato folclórico. El escritor, observado el desinterés de los muchachos les habló de la segunda guerra mundial y sobre el cine de Antonioni. Ángelo estaba emocionado. Los alumnos le miraban con desconcierto, ninguno de los jóvenes hechiceros parecía entender el rumbo de la conferencia. Sólo uno de los estudiantes ponía atención. Sentado al frente, Pegaso Zorokin afilaba un lápiz con los dientes y tomaba nota. 

Pegaso levantó la mano para hacer una pregunta interrumpiendo al escritor: 

¿Qué son los campos de concentración?

Bueno son los lugares donde los nazis encerraban a los judíos. Le contestó Calvino un tanto extrañado  

¿Judios? Le replico Pegaso.

Ángelo advirtiendo la escala del precipicio que sugería la conversación, detuvo la conferencia diciendo que el señor Calvino tenía una agenda apretada y había llegado el momento de que se retirara. Algunos estudiantes aplaudieron. Calvino y Ángelo salieron de la sala. Pegaso Zorokin alcanzó al escritor tirando de su túnica.

 Mire Señor Calvino es el Meth Z, es una droga  le dijo poniendo un cristal azul en su mano la inventé yo en mi clase de botánica. Con ella escribirá su último libro. Es una droga cargada de futuro.

Ángelo aparto súbitamente al alumno.

Señor Zorokin regrese al salón si no quiere meterse en problemas.

Ítalo Calvino guardó el cristal azul en su bolsillo y le sonrió a Zorokin. Varios años después empezó su último libro. 

Anonymous asked: Oiga, es usted dios??

Pues una cuarta parte suya