Archivo de Word recuperado de un viejo disco duro.
El archivo es presentado íntegro y sin ninguna corrección.
Un cuento que Beckett habría aceptado publicar.
Un escritor en apuros.
— Nada es más divertido que la infelicidad, te lo aseguro.
— Sí, sí, es la cosa más cómica del mundo.
— Samuel Beckett.
El villano simplemente no aparecía. Por un momento pensó que sería el cuidador de gansos, pero no, en el balde de zinc que cargaba sólo habían huesos de manzana. El herrero, aunque de andar y modales sospechosos, había olvidado su mazo de acero. El violinista sin cejas abre su estuche en la mesa. En el estuche sólo hay partituras y pastillas de menta. Cada vez más decepcionado, cayó en cuenta de que una a una, se iban agotando las posibilidades. La posibilidad de un asesino. La posibilidad de un crimen. Y sobre todo, la posibilidad de ver a JJ Valens resolver una peligrosa aventura. La tranquilidad anterior al asesinato, pensó tratando de explicarse la serenidad de Lonesome Town. Estaba seguro de que en algún momento aparecería un bandido escondiendo su rifle bajo una capa negra. Aún así la situación empezaba a preocuparle. Los prisioneros prefirieron tomar la siesta a cavar un túnel para escapar de la comisaria. En la carreta del alcalde no había ni un solo baúl con explosivos. Los apaches se quedaron en sus campamentos. Los pumas no salieron de cacería. Los duelos de naipes se resolvían sin inconvenientes. La niebla no tenía la suficiente espesura para ser considerada una amenaza. No hubo derrumbe que perturbara el sistema nervioso de la mina. Los recolectores de hueso tallaban miniaturas de calcio. Los mexicanos bebían con mesura. Las putas parecían tranquilas y no se había extraviado ni una sola vaquilla. La maldad tiene métodos silenciosos, se dijo encendiendo un cigarrillo. En el salón de juegos del hotel un aire de tranquilidad esfumaba toda sospecha. En cualquier momento la caja del piano va a estallar en mil pedazos, estimó desesperanzado. Pero el piano no perdió una sola astilla. En cualquier momento una estampida de búfalos tiene que atravesar los cristales del hotel. Pero aquella tarde los búfalos, pastando indiferentes, no parecían interesados en el vandalismo.
— Bueno pero ¿Qué demonios está ocurriendo en Lonesome Town?— exclamó por fin el editor desesperado. No podía creerlo.
Encendió un cigarro y leyó en voz alta uno de los diálogos de JJ Valens, el intrépido protagonista.
“No puedo seguir así. Nunca sentí una humillación semejante. Y cuanto más se prolongue más terrible será. Me siento como un marido solitario. Espere un poco, déjeme pensar, ¿Por dónde empezar? Podría empezar por la tristeza, porque la tristeza es un lugar.”
El vaquero resolviendo traumas rusos y el editor desarmando su pluma fuente un tanto desesperado. Una situación nada deseable para un profesionista comprometido con un estricto programa editorial.
JJ Valene, el apuesto vaquero, por primera vez en años se encontraba desocupado. El forajido ahora bebía vodka, hablaba de insomnio, criticaba las sociedades instruidas, comentaba el valor de la timidez y la importancia de una voluntad bien formada. Después de extenuantes descripciones, el personaje había pasado las últimas treinta páginas monologando. Los demás personajes le escuchaban tristes y desesperanzados. El momento más turbador fue cuando hizo llorar a una mujer comentando públicamente su peinado.
“Monólogo Beckett”
Foxrock no te parece un nombre más adecuado. Un drama religioso. Drama Una pista de tennis, donde el protagonista descarga su pistola contra un cielo azul y terrible. No sabía que en Lonesome tone hubiera. Teléfono desconectado.
Pero tú fuiste a la segunda guerra mundial.
Ya no quiero recordar, ahora quiero olvidar.
Un pañuelo de estrellas en el cuelló.
Estaba buscándome el cáncer
Estoy reescribiendo la última obra que te envíe, la reescribiré las veces que sea necesaria.
Le dijo a una Suzanne, mujer que no había aparecido en toda la obra que le cedía los derechos de todos sus asesinatos. Tiempo se va esfumando mi amigo
Ruinas refugio cierto por fin hacia el cual de tan lejos tras tanta falsedad. Lejanos sin fin tierra cielo confundidos sin un ruido nada móvil. Rostro gris azul claro cuerpo pequeño corazón latiendo solo en pie. Apagado abierto cuatro lados a contracorriente refugio cierto sin salida.[
Gramática del terror
la narración la posibilidad de prescindir de las unidades clásicas de tiempo, lugar y argumento, en orden a enfocar la obra literaria como exploración de la condición humana hasta sus últimas consecuencias.
Algunas de las más conocidas imágenes de Beckett fueron tomadas por el que es conocido como fotógrafo oficial del escritor, John Minihan, entre los años 1980 y 1985. Alguna de estas fotos ha sido considerada entre las más representativas del siglo XX.[84] Fue sin embargo otro fotógrafo, John Haynes[85] quien tomó la instantánea más reproducida de Beckett, la que aparece en la cubierta de la biografía de Knowlson, por ejemplo. El retrato fue tomado durante unos ensayos en el Royal Court Theatre de Londres, escenario donde Haynes fotografió muchas producciones de Beckett.
Así, para estos lectores, el toque de humor tan particular que Beckett añade a su tenebroso retrato de la abulia, el absurdo y la sordidez humanas, no puede demostrar más que para él, pese a su dureza, el esfuerzo en la vida debe tener algún sentido, lo mismo que parece tenerlo para el Sísifo de Camus, cada vez que alcanza la cumbre de la montaña. Quisiera que mi amor muriese…
Estar ahí sin dientes y mandíbulas…
¿Qué es esto?
¿Desde cuando?
yo y todos los otros que te amen
si te aman
Cuenta de cómo unió un cuento de beckett y uno de Calvino en una sesión de espiritismo. Teoria de los conjuntos.
Efectivamente no se había disparado una sola bala en toda la novela. El editor estaba desconcertado, Lonesome Town, una de las regiones imaginarias más peligrosas del medio oeste americano sobrevivía a una crisis filosófica. En el último capítulo “Un extraño nos visita” creyó que por fin aparecería el asesino, pero no, el extraño era Nietzsche. Según la opinión de Ralph nada tenía que hacer el siniestro pensador en el medio oeste americano. Estaba fuera de contexto, toda la novela estaba fuera de contexto. Hojeó una vez más los folios de la última entrega de “Lonesome Town” y Western Filosófico. El editor pensó en darle una lección. Contrató a tres.Una nadadora. No sé, quería que JJ Valens fuera su propio enemigo.
“ — Reflexione señorita. La tristeza es la perdición. Pero ya ha sido bastante. Arréglese el peinado”
Mientras tanto en una ciudad importante
Se acerco lentamente a la fogata. Esta quemando los libros.
La depresión es un enemigo más interesante que los apaches.
No te das cuenta yo soy JJ Valens.
De eso se trata de acabar contigo, de aproximarte a la muerte. De semblante terrible
Lo importante es que nadie lo esperaba. Con un estuche de venenos, las cuencas vacías. Y les digo algo así cómo.
No eran los rusos, no era más deprimente todavía.
No lo entiendes, la felicidad es la cosa más cómica del mundo
El editor le prestaba cosas y el escritor s rehusaba a leer a un tipo ciego
Se sentó, y apoyo algo le incomodo en su asiento, se levantó y junto a una pastillas pulverizadas encontró un tomo de Samuel Becket, el tomo que le quien le sonrio desde la portada como qu
Que este texto parezca escrito por beckkett
Lonesome Town no es uno de esos pueblos imaginarios de faulkner
No había sido, definitivamente una buena idea prestarle a ese hombre simple un libro de Sammuel Beckket.
Estuviste leyendo a Beckket.Despues le hablo de la importancia que tienen los libros en la formación de los estados mentales. Digo mentales, pero sono tan importante como si hubiea dicho nacionales. Tenemos una nación en la mente, una nación sin banderas y con muchos antepasados.
— Cuidado con ese revolver zorrita.
— ¿Por qué todos hablan como si fuera russo?
Los americanos necesitamos acción, no conciencia.
Hojeó los folios de la última entrega de Memorias de Lonesome Town y comprobó sus sospechas, ningún arma había sido disparada en las noventa y cinco páginas que formaban la novela.
Apoyando su cabeza en las orejas del sillón. Sobre la mesa habìa un libro de Beckett, su libro de Beckeet, el libro que olvido la última vez que iba a visitarlo.
En el bar todos mantuvieron la mesura, Ningún caballo se puso nerviso. Nevo en Lonesomesome town pero no fue suciente para poner nerviosos a los caballos. En fin ningún arma fue disparad Más de cuatrocientos villanos habían visitado Lonesome Town. Ferrocarrileros endemoniados, cuatreros Dingo Balleres los habìa pero ese dìa Dingo parecía bastante meditativo. No había peligro Los bandidos mexicanos se limitaron amaestrarse los bigotes. Los pumas no salieron de cacería. Las putas no mostraron signos de violencia. No apericio ningún confederado. Los ferrocarriles El muchacho de los diarios No hubo crimen que resolver. El afilador de cuchillos, tiene que ser él. Pero no, el afilador de cuchillos había olvidado todos sus instrumentos Era la obra màs extraña que Lewis habìa leído en toda su carrera. Lo primero Nadie disparó ningún arma en toda la novela. Toda la pieza ocurría en el. No hubo tornados, ni inundaciones.
¿Quién te crees para educar a tus lectores?
¿Qué vas a saber tu del sufrimiento?
Si no había un asesino no había acción sólo espera. No tenía nada, nada de nada. Pensó en llamar a Luego que alguna puta iba a entrar en un cuadro neurótico, pero no El editor estaba preocupado, hojeo una vez más el borrador de Memorias de Lonesome Town. Decidí sustituir acción por conciencia. despúes de una Muchos pensaron que sería el afilador de cuchillos, pero no, ni siquiera llevaba
Cuando el problema de un hombre es escribir una novela, la novela nunca es suficiente. Sam Didion había escrito cerca de cuatrocientas novelas pero ninguna le había causado problemas. Problemas verdaderos Sam buscaba sentirse desdichado y parecía que iba a conseguirlo. La escritura era un adiestramiento solitario. Estaba desesperado. El sufrimiento era obligatorio, lugar común. Sentirse perdido. El remolque era su laboratorio, ahí demostraría que para lograr su propósito. Necesitaba comprar que podía escribir ese libro. Alcanzar la altura que busca todo suicida. Necesitaba volver de su existencia un problema para luego intentar solucionarlo. Era esa la única trama que valia la pena resolver. En realidad buscaba escribir una novela y ese iba a ser su único y verdadero motivo de desdicha. una novela para explicar para la desdicha. En realidad quería escribir acerca del hombre, de los problemas que se busca el hombre. Sam Didion buscaba sentirse tan turbado como debió haberse sentido Samuel Beckett al escribir su obra. Sam Didion quería escribir como Beckket. Sam Didion quería escribir la obra perdida de Beckket. Que de sus novelas se dijera esta obra Beckket hubiera aceptado escribir. No consideraba su afán una imitación, él prefería verlo como una continuación. Beckett de seguir vivo hubiera seguido escribiendo, donde quedaron entonces los tomos que Beckett hubiera escrito. A eso respondería la obra que aún no escribía. Lo primero, como decía antes era sentirse desdichado, inventarse una tormenta y dejar que la tormenta le inhundara el piso inferior de la casa para tener que subir corriendo las escaleras y ahí, ahí, empapado empezar la novela. Una vez convencido de que habitaba un cuerpo asesinado, se sentó frente a la máquina de escribir pero no logró escribir una sola palabra. Una vez le preguntaron en una entrevista
Buscando entenderse en una trama desfavorable. El horror. Dejo su marca dental en una manzana. Quería una novela melancólica, quería hundir así que tnía que empezar por sentir asfixia. Destruyas vocación nociva. El material genético de un hombre es suficiente para formar un demonio. Evaporar su psique hasta formar una nube gris. Su aspiración era el desastre y uno como es bien sabido por los meteorólogos no puede Ya tenía su valle con neblina, ya tenía frio, que más se necesitaba para evocar la tormenta. Semejante seguridad en sus métodos. El escritor se encontraba en apuros, el único drama es que no podía escribir y esto último ya lo había expresado. Si hubiera tenido valor se hubiera hecho saltar un ojo pero su cue Le escribió una carta a su madre recordándole que estaba muerta. Luego angustiado. Miraba con desdén el espejo. Voy a liquidarte. Tenía que enfrentarse a sí mismo. Metere la mano a la boca y regresar con medio pulmón. Esa noche Sam Didion parecía decidido a llevarse al extremo.. El escritor era escritor y le era imposible escribir. De la actividad dependía su condición. Escribir nunca había sido un problema para Escribía sin freno, ocho horas diarias. Sin dientes No hay nada que cause más pena que un escritor llevándose extremo. Sam Didion en el remolque recordó. Para Sam Didion el acto de escribir nunca había sido un problema. Ahora en apuros. Era muy tarde, era demasiado tarde.
Sam Didion se quitó la dentadura y se miró con cierto dramatismo en el espejo. La prótesis de magma rosáceo resbaló del lavabo y se rompió en dos piezas idénticas. Didion pareció no darle importancia al accidente. En ese momento buscaba por todos los medios posibles extinguir su personalidad, obligar a su mente a entrar en un cuadro de acción involuntaria. No había tiempo para distracciones, se había propuesto el no apartar, bajó ninguna circunstancia, su atención de aquel espejo. Sus ojos, estropeados por el valium, parecían decididos a cumplir con el extraño objetivo. La dinámica era la siguiente: detenerse frente a un espejo el tiempo suficiente hasta hacer sentir nervioso al propio reflejo; los efectos buscados: esfumar la conciencia, desconocer su situación corporal, disociar al cuerpo de su medio y todo esto para estimular una condición creativa lo más siniestra que fuera posible. El remolque permanecía en silencio, el viento soplaba sereno, la noche era fría. Didion, desdentado y con la mirada entumecida anticipaba su condición de cadáver.. Su pastor inglés mordisqueaba las patas de la silla.
El editor, ajustándose la gabardina vio sus zapatos enloados y pensó en lo difícil que era ser editor en chicago (la puerta estaba abierta). Dentro sonaba el disco stardust de Willi Nelson y se pensó en estar en una comedia americana. Unas botas, el departamento de un malboro man, se detuvo en el vestíbulo a admirar un afiche de JJ Valens con la rubia y un maletín con relojería intregada, el cristal estaba roto. Dividía en dos el cuadro. Vio varias botellas en el suelo y a tirado en el sillón (Raymond Chandler) Tenía la cabeza apoyada y los calcetines arrugados. Un agradable calentaba la sala. Sobre la mesa de lava gris estaba la máquina de escribir. La miniatura de un tanque. Miraba con cierta ensoñación, (depresivo, muy depresivo)
“
Sam Didion no se veía precisamente saludable. Esos relatosen los que el protagonista tiene que deshacerse de un cadáver. Sustitir la acción por la conciencia, detenernos, enfrentarnos a nosotros mismos. Luz plátina Negarse a su vida anterior. La sensualidad del aceero. Una mujer con una balanza lo decapitara. No precisamente la justicia, pero sí, probablemente una media hermana. Había que reconocer lo evidente. En una carretilla su obra y la tiró por un acantilado, Bessy, su pastor inglés. Una facha de haberse buscado. Viviendo un punto crucial de la historia. Una excursión dramática por el bosque de álamos. Perturbado, sobre los tomos, algunos deslomados se acomodaban varios cascos de cerveza. Venía borracho y decidido a tomar medidas frente a su producción. Donde tenía el laboratorio de escritura creativa. Los visitaba un tal Samuel Beckket. Se sentó en la loma. Persiguiendo zorros, pastor inglés babeante. Con ganas de plomo derretido. Las cintas de precaución, Didion no se sentía bien. Un armadillo disecado. Descubrir en su derrota los sítomas de la sensualidad creativa que buscaba desesperado. Su pesimismo. Soñó que el escritor irlandés, con uniforme deportivo después de buscarlo lo obligaba a comerse una paloma viva. Amaneció perturbado y le entraron ganas de patear a Bessy, su pastor inglés quien mordisqueaba intranquila las patas de su silla. Substancia pensante. Encontrar soluciones originales. Tramando un pesimismos con la almohada. Su humor que lo distinguía , imperturbable.
Mire leí un libro, un libro importante y decidí, bueno que creo que no tiene sentio seguir una trama que no va a llevarme a ninguna parte.
Ahora que, quieres escribir para universitarios con problemas de identidad. Tú público te sigue chico. No sabes la cantidad de cartas que reicibimos a la semana
No, no. Creo que toda
No hay hombres.
El problema de Sam Didion era que había leído a Samuel Beckett y se había visto obligado a reconocer que toda su obra era una mierda. Todas y cada una de las piezas escritas en sus veinticinco años de carrera. Sam Didion era el afamado escritor de la saga de medio oeste “La vida en un pueblo llamado Dorothy Falls”. Colección de más de setenta y cinco novelas breves protagonizadas por Mike Bennington. Bennington, fumador incansable, un venturoso forajido que descubre su vocación de héroe frente a las injusticias cometidas por los distintos villanos que visitaban, con bastante regularidadlos bancos y negocios del desolado pueblo minero de Dorothy Falls. En la obra no faltaba la intrina y los episodios pasionales. Sam Didion una vez en papel graduado. Y lo primero que hio fu deprimir a los personajes, todos se veìan tristes y cansados, habían perdido la afición por la aventura. Mike Bennington decía cosas como: Un grito de dolor estalló en la oficina. Una puta dejando su libro de Crimen y Castigo junto a la pianola no era una escena particularmente . En el que Bennington descubría una mujer decapitda en la minas y resolvíar. Un volcán legendario, una pradera en llamas. No se encoja de ese modo, usted es el escritor. Dientes como una hilera de tumbas. Éxito de ventas. En pianos. Cadaver escondido en un piano. Sin temperatura sentimental. Producida en serie
Quien en sus buenos tiempos, se zampaba un yogurth con avena antes de escribir en su estudio privado. Sabía escribir cuatro horas sin frenar, dactilado estaba convencido que si quería tenía que poner. S
Sus personajes deaumbulan los empolvados escenarios de su obra sin pasiones sin ese hado de temor que se posa sobre los textos. El sexo y las armas ya no mostraban atravemiento alguno. Dramas ahistoricos, mujeres abandonadas sin el màs mínimo desdén. Buscaba el estado de conciencia adecuado para exponer, pero cayó en cuanta. Despertó en el único sillón del, Bessy su pastor inglés mordisqueba nerviosa una de las patas. La vida en la pradera. Porque la sombra aseguraba su condición marginal.
Dos ejercicios:
La disección de un conejo.
Ayunos y mucha marihuana. La idea de destruir, escribir le hacía sentir bastante desdichado. Desconfiaba de todo texto. Pensamientos obscuros y silenciones, creía que había que poner la mente a prueba. Había salido a cavarse tumbas.
Esa era la dinámica: estar el tiempo suficiente en un espejo hasa hacer sentir nervioso a tu propio refleola había leído en un libro de ejercicios de teatro que había encontrado en un libro llevaban el entorpecido antifaz que había conseguido con su reciente adicción al valium volvían posible su objetivo. Llevaba el entorpecido antifaz que informa el desvelo y los malos ratos. El remolque esta hecho un desastre, todo estaba tan desordenado tanto así que parecía haberse volcado por una colina. No hubiera sido capaz de lastimarse, lo único que en De su boca hundida en cualquier momento podría salir una mano llena de flemas buscando estrangularlo. haber salido una mano podrida. Una depresión estimulada, si la obra quedaba bien incluso había considerado matarse. Ejercicios de autodenostación. Su màquina de escribir. Nuna había disparado un arma. Cobarde, en efecto los únicos gatillos que he accionado. No parecieron entender la broma. El escritor, atemorizado accionó la bennington. Bessy se levantó despavorido. Didion no volvería verlaBuscando desconocerse, entenderse como cadáver. El ejercicio consistía esfumar sumergida en el su personalidad y sentirse desdichado. Buscaba por todos los medios extinguir su alma. La dinámica era bastante demencial y ateradora Tan desdichado Habìa leído a Samuel Becket por recoendación de Nicole y habìa descubierto o reconocido, mejor dicho que toda su obra era una mierda. Había tomado medidas. El era el escritor de la popular saga de novelas vaqueras. Había vuelto un triller psicológico, lo cual hacía parecer a fornido y esplendido Sven Packard, el vaquero italoamericano. Habían recindido elcontrato. El personaje entraba en una turbía espiral. No había acción sólo pensamiento. El único asesinato se preguntaba si de verdad había cometido el asesinato. Había reicibido cartas de sus seguidores en lo que hacían notar que los reflejos morales y la ocon los que Sam había condicianado a su peronaje volvían cobarde y un tanto afeminado. Bob se encontró. Lo que el pensaba como un triller psicologógico ahora parecía una novela de terror de segunda clase. Abandonaría a saga y escribiría una novela con un corte mucho màs humano, donde se pudieran sondear las profundidades de la exitencia. Una obra humana, basta de balazos. Le Ahora se había retirado durante cuatro meses, uno por cada estación a una casa remolque no mu lejos de Salt Lake City. Una pradera devastada. Sam Peck Se bebió Despés Se apareció con una caja registradora y papel higiénico. Y malvaviscos. Mire se està poniendo usted muy difícil. Dar con su dirección no había sido complicado, Marlon el del diente de oro se había presentado como editor en casa, y que era importatísimo, Mickey su hermano menor no había pensado le había dado las indicaciones para encontrarlo. Sam barret, quien era bien concido por su sentido del humor ahora buscaba por todos los medios zambullirse en el pantano de una depresión inducida. Pálido, había bajado varios kilos,una barba descuidada, a la Gary Gilmore. Meterse en problemas, someter a su conciencia a la muerte. U día desaparecieron. Habían sido apresados en un estudio en los Àngeles tras , màs tarde le confesaría que buscaban adaptar. Fue a desaserse de ella en un acantilado Sam Pecking con su màquina de escribir en un carretilla buscaba el acantilado perfecto para deshacerse de ella. Su pastor ingles mordisqueaba bastante nervioso mordisqueaba las patas de la mesa. Había regresado con el cadáver de un conejito el cual garret puso sobre la plancha d, dejó algunas manchitas de sangre. En ese momento leía a un escritor trantando de encontrar las claves para plantear un pantano,nadie tan malvad como los rusos para demostrar esta capacidad. Los buenos eran buenos. Los villanos eran. Había armas y las armas eran usadas. Todos fumaban y no había mujer con la que. El medio oeste, carretas destrozadas, pueblos abandonados. Siempre respondía a la misma matriz actancial. El héroe, el villano, la mujer, los personajes auxiliares, los personajes opositores. Si quien es. Disculpe pero no pienso abrir, ya es tarde. Vio tres siluetas asomarse por la puerta central. Betty ladraba furiosa. De un tiro vólo la cerradura. El disparo fue terrible y preciso. Decidió matar a Arsenal. Ni siquiera tivo una muerte digna, un disparo acidental le había astillado el sarcofgo del pecho. Un puma inadvertido lo despedazaba en un campamento, todo para terminar en las fauces de una bestia. Jean, la heroína ni siquiera había podido despedir. No había visto siquiera la for uscando descomponerse. constituri relaciones con el mundo. DEsharìa los tímpanos que haría entrar. Una ambulancia abandonada. Un par de maletas abiertas. Un campo desolador y terrible. Su “zorrita de ojos verdes” quien con los ojos en blanco daba las mejores mamadas ue una. Sus enemigos, Dienes de Caramelo y seguían merodeando por ahí. La escena era bastante pavorosa, los ojos velados por el Escapado de un sepulcro buscando morir por segunda ocación. , Parecía que Didion fuera un ciego al que olvidaron frente a un espejo.